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Mirada artística
Gabriela Massuh

 


Hablar del "valor social del arte" puede llevar a dos malentendidos que, en última instancia, terminan atentando contra el arte. Por un lado, desde el puno de vista político, es lícito hablar del arte (o la cultura) como integración social, pero sólo desde un discurso político. Por el otro, decir que el arte tiene un valor social, puede interpretarse como arte político a secas. Hoy el "arte político" a secas tiene olor a Brecht; también, si se quiere, está contaminado de las luchas revolucionarias del sesenta.

El arte debe ser político, sólo que no se trata de una política explícita. Lo político es la conciencia de que todo está dicho, que hoy sólo existen formas del agotamiento, que se está en un grado cero. En ese grado cero de carga expresiva, la política debe entrar en el arte como la melodía entra en Ligeti: por la puerta trasera.

Es preferible hablar de la "mirada artística". Si uno llega a definir qué es la mirada artística, el arte será político, por necesidad, porque hoy no queda más remedio. Aquí van algunos intentos de definir la mirada artística. Lo político, la inserción social se dará por añadidura:

1
Contrariamente al París de Benjamin, en la actualidad no hay una sola representación de la ciudad o de lo urbano. Como respuesta a la invasión de no-lugares que culminan en el concepto de generic city, el trabajo de la mirada artística sobre la ciudad descubre velocidades diferentes, propone narraciones disímiles, releva límites entre exclusión e intercambio, produce significaciones opuestas al consenso que para sí reclaman la política y los medios. La mirada artística sobre el espacio urbano genera zonas de resistencia y libera procesos identitarios.

2
La mirada artística se opone a los cánones del espectáculo, a la inmediatez de la imagen mediática y al grado-cero-de-contenidos de la imagen publicitaria. Si la política ha asumido hoy las leyes del espectáculo publicitario, el arte bien puede recobrar lo que reclamaban las vanguardias: la dimensión política y el sueño de un futuro distinto a este presente eterno trasvasado por el discurso de la memoria amnésica, devastado por la prédica de los medios.

3
En la era de la globalización la idea de progreso está vinculada con el acceso a la información. Paradójicamente, la cantidad de información archivada en memorias cada vez más grandes, genera cada vez menos sentido. A mayor información, menor grado de contenido. La mirada artística organiza la información, la selecciona, redistribuye el saber, establece criterios de valor organizando el espacio como una secuencia de territorios que frenan el sintentido de la aceleración tecnológica.

4
Serge Daney acerca de la diferencia entre el creativo (publicitario) y el creador: "no es cuestión de técnica o de talento; sino simplemente de un deseo, de un determinado posicionamiento frente a la verdad." En materia estética ya no se trata de volver a proclamar que la pintura de caballete ha muerto, sino de que el arte o, en este caso, las artes plásticas vuelvan a hallar el camino hacia la realidad e intenten, otra vez, un discurso al margen de la ficción. Si se quiere, el camino inverso a Borges: sí un espejo del mundo y ya no más una cosa agregada al mundo.

5
El arte no es ubicuo, no es la culminación de nada. La mirada artística se resiste a la posmodernidad porque se inserta consciente- desesperadamente como mero eslabón dentro de un proceso histórico y social. La mirada artística articula cartografías con herramientas estéticas que operan como sismógrafos de la realidad: señala zonas de opacidad, de transparencia, de erosión, de conflicto y también de poesía, pesadilla o utopía. El dispositivo artístico, la cartografía como síntesis antitética de la imagen sin contenido.