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Hablar del "valor social del arte" puede llevar a dos
malentendidos que, en última instancia, terminan atentando
contra el arte. Por un lado, desde el puno de vista político,
es lícito hablar del arte (o la cultura) como integración
social, pero sólo desde un discurso político.
Por el otro, decir que el arte tiene un valor social, puede interpretarse
como arte político a secas. Hoy el "arte político"
a secas tiene olor a Brecht; también, si se quiere, está
contaminado de las luchas revolucionarias del sesenta.
El arte debe ser político, sólo que
no se trata de una política explícita. Lo político
es la conciencia de que todo está dicho, que hoy sólo
existen formas del agotamiento, que se está en un grado cero.
En ese grado cero de carga expresiva, la política debe entrar
en el arte como la melodía entra en Ligeti: por la puerta
trasera.
Es preferible hablar de la "mirada artística".
Si uno llega a definir qué es la mirada artística,
el arte será político, por necesidad, porque hoy no
queda más remedio. Aquí van algunos intentos de definir
la mirada artística. Lo político, la inserción
social se dará por añadidura:
1
Contrariamente al París de Benjamin, en la actualidad no
hay una sola representación de la ciudad o de lo urbano.
Como respuesta a la invasión de no-lugares que culminan en
el concepto de generic city, el trabajo de la mirada artística
sobre la ciudad descubre velocidades diferentes, propone narraciones
disímiles, releva límites entre exclusión e
intercambio, produce significaciones opuestas al consenso que para
sí reclaman la política y los medios. La mirada artística
sobre el espacio urbano genera zonas de resistencia y libera
procesos identitarios.
2
La mirada artística se opone a los cánones del espectáculo,
a la inmediatez de la imagen mediática y al grado-cero-de-contenidos
de la imagen publicitaria. Si la política ha asumido hoy
las leyes del espectáculo publicitario, el arte bien puede
recobrar lo que reclamaban las vanguardias: la dimensión
política y el sueño de un futuro distinto a este presente
eterno trasvasado por el discurso de la memoria amnésica,
devastado por la prédica de los medios.
3
En la era de la globalización la idea de progreso está
vinculada con el acceso a la información. Paradójicamente,
la cantidad de información archivada en memorias cada vez
más grandes, genera cada vez menos sentido. A mayor información,
menor grado de contenido. La mirada artística organiza la
información, la selecciona, redistribuye el saber, establece
criterios de valor organizando el espacio como una secuencia de
territorios que frenan el sintentido de la aceleración tecnológica.
4
Serge Daney acerca de la diferencia entre el creativo (publicitario)
y el creador: "no es cuestión de técnica o de
talento; sino simplemente de un deseo, de un determinado posicionamiento
frente a la verdad." En materia estética ya no se trata
de volver a proclamar que la pintura de caballete ha muerto, sino
de que el arte o, en este caso, las artes plásticas vuelvan
a hallar el camino hacia la realidad e intenten, otra vez,
un discurso al margen de la ficción. Si se quiere, el camino
inverso a Borges: sí un espejo del mundo y ya no más
una cosa agregada al mundo.
5
El arte no es ubicuo, no es la culminación de nada. La mirada
artística se resiste a la posmodernidad porque se inserta
consciente- desesperadamente como mero eslabón dentro de
un proceso histórico y social. La mirada artística
articula cartografías con herramientas estéticas que
operan como sismógrafos de la realidad: señala zonas
de opacidad, de transparencia, de erosión, de conflicto y
también de poesía, pesadilla o utopía. El dispositivo
artístico, la cartografía como síntesis antitética
de la imagen sin contenido.
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