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En un viaje reciente encontré en el contacto con la tierra, la gente y sus cosas un lugar en el que me encontré a mí misma. Es como si la tierra hubiese actuado dándome aquella libertad que necesitaba para expresarme realmente. En esos lugares tan inmensos, me sentí tan pequeña.... La naturaleza hablaba por sí misma y yo sólo podía volcarme hacia mi interior y disfrutar de cada color de las piedras. Disfruté también allí de la fotografía plenamente,era casi lo único que podía hacer y todo era "una foto". Entonces descubrí la cámara como herramienta para contar como veo las cosasy un lugar para desarrollarme. Esa experiencia hizo que pueda abrir mi sensibilidad hacia otras cosas y hacia mi propia cotidianeidad: En las mañanas el sol se filtra por las rendijas, y actúa sobre las cosas, las personas, los lugares y es como si al despertarme en esos destellos de luz las cosas cobraran nueva vida. La compra de unas cortinas fueron para mí un consuelo a ese verano en el que el sol baña y ciega la habitación y también una metáfora del amor, me parece que en ese roce continuo de las dos telas y en los puntos de luz hay algo de romántico. Así tambien la noche posee ese caracter y el tren (en la vuelta de todos los días) mostrándome sus luces titilantes. Carina
Moreira
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